Algunos lo llaman ser selectivo.
Otros lo llamamos ser auténtico.
Honestidad con uno mismo.
Sería injusto estar con alguien
mientras imagino estar con otra
y anónimamente admiro su imagen;
injusto para mí e injusto para las demás.
Tengo muy claro lo que quiero,
muy claro las manipulaciones
que sé que no llevarán
a ninguna sustancialidad.
Lo sustancial es lo que es,
sin depender de nada más.
Lo virtual, lo que depende de
palabras, que han sido siempre vacías,
y no llenan mi verdad.
Yo tengo muy clara mi sustancialidad,
independientemente de que la actualidad
no me corresponda;
y si así debe ser,
apechugaré con ello,
sin mayores aspavientos.
Parece que si no busco
lo que quiero es que no lo quiero.
Pero lo que parece y lo que es
no siempre son lo mismo.
Si no lo busco, es porque
a lo mejor lo mejor es apencar,
e individualizarse, y ser sin estar.
Me gusta mi soledad sin soledad,
estoy siempre conmigo;
no tengo ninguna necesidad;
y por eso me apaño, y no me engaño,
ni busco ficciones, ni conformidad.
Soy gato viejo, más gato que viejo,
aunque ya voy camino
de ser más viejo que gato;
y me gusta flirtear,
pero eso es una nula significatividad.
No me van las apariencias;
y lo siento si confundo o se confunden
y se piensan que se puede llegar.
A veces parece que se me puede manipular,
no son más que coincidencias,
nada más que lo que aparenta, pero no la verdad.
Las palabras no son los hechos,
y ni siquiera a veces los hechos son la verdad.
La verdad es otra cosa, lo que de verdad está
en el alma, lo que le es consustancial.
Y eso se queda con cada persona,
sea actual u honesta potencialidad.
Aquella mina que me enamora,
la que me gusta, la que me encanta,
la que me hechiza, la que me enciende,
la que me es poesía,
es la que es y nadie más.
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